martes, julio 22, 2008

RUSAS (I)




Yo que me considero un personaje de mente abierta, suelo tener ciertas discusiones con mis amigos en España, porque tiene la simplista manía de deducir que las rusas son un poco golfas. Dado que a pesar de ser gente, en general, de buen nivel económico y educativo, carecen por otra parte de la experiencia de conocer otras culturas.


Yo siempre les digo que no es golfeo (igual que ELLOS), sino que es simple y llanamente, otra cultura, donde las cosas se ven de otra forma. Igual que me pasaba en el mundo árabe.


De aquí las evidentes dificultades que existen entre parejas de países tan diferentes. Y es que como decía la madre de mi amiga Carmela "Si te puedes casar con uno de tu pueblo, pues mejor".


Yo sinceramente no tengo un gran aprecio por el tipo de relación que observo entre mis amigos y conocidos rusos; y eso que ahora soy infinitamente más tolerante que cuando no salía de España. También es cierto que mis espectativas son bastante elevadas, lo cual puede ser injusto, porque automáticametne me presupone en un nivel que probablemente no alcanzo (me refiero a mi valoración personal de mis cualidades).




En fin, al grano. Resulta que ayer estaba danzando por el curro y entro en la cocina donde un par de compañeras rusas estaban de cháchara. La animada conversación unido al ruído nulo de mi adormilado cuerpo provocó que ambas mujeres no captaran mi presencia hasta bien tarde. Mientras tanto, mis oídos asistieron a la surrealista conversación (aprox) que sigue:




- "Pues qué bonita es esta planta" (refiriéndose a una que mi colega Kevin ha dejado al cuidado de la limpiadora durante sus vacaciones)


- "Sí, yo tengo una igual en casa. Aunque a la mía le afecta mucho la gente"


- "Ah, si?"


- "Sí, dependiendo de cuál de mis novios viene, se pone triste o no". (que conste que esta chica tendrá los 40 más o menos). "De hecho, hay alguno que he dejado porque pone triste a mis plantas".




LLegados a este punto, y tras notar mi presencia y mi cara de asombro, decidieron cambiar de tema.




En fin, seguiré esperando que alguna de mis amigas de la infancia se quede libre, a ver si me puedo evitar este tipo de experiencias sicodélicas en mi vida.